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Mi recorrido con el Kintsugi en Barcelona

  • misatotakahashi
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura
A decorative plate repaired with polished gold, featuring red and blue patterns with floral designs, sits on a gray background.
Un pequeño plato que restauré, mostrando el arte del Kintsugi con sus intrincadas vetas doradas, resalta la belleza de la imperfección.

Ha pasado mucho tiempo desde mi última publicación, pero por fin me he sentido preparada para compartir una pequeña parte de mi recorrido en el mundo del Kintsugi: cómo empezó, lo que he aprendido y las experiencias que han ido dando forma a mi camino.


El Kintsugi ha ganado reconocimiento en todo el mundo por su belleza única y su profundo significado: la transformación de cerámicas rotas en obras de arte mediante reparaciones en oro. Enraizado en la cultura del chanoyu, la ceremonia del té japonesa, el Kintsugi abraza la imperfección y da nueva vida a aquello que se ha roto.


Los orígenes del Kintsugi suelen situarse en el Japón del siglo XV. Según una historia conocida, el shōgun Ashikaga Yoshimasa animó a los artesanos japoneses a buscar un método de restauración más armonioso y estéticamente significativo. Este enfoque evolucionó con el tiempo hasta convertirse en la técnica que hoy conocemos como Kintsugi, en la que las grietas y fracturas no se ocultan, sino que se resaltan cuidadosamente con laca y oro. Así, las grietas pasan a formar parte de la historia del objeto en lugar de algo que deba esconderse. Con el tiempo, el Kintsugi quedó estrechamente vinculado a la filosofía del wabi-sabi: la apreciación de la imperfección, la transitoriedad y la belleza que se encuentra en el paso del tiempo y el desgaste.


Cómo empezó mi camino

Cuando estudiaba joyería en la Escola Massana de Barcelona, tuvimos una clase de laca japonesa en segundo curso. (Sí, me resultó bastante curioso descubrir un oficio tradicional japonés en Barcelona de la mano de un profesor catalán).


Desde el primer momento me sentí atraída por la técnica y he seguido vinculada a ella desde entonces. Aunque el Kintsugi no formaba parte de la asignatura, para mí fue natural empezar a aprenderlo por mi cuenta. En aquel momento ya empezaba a conocerse bastante en todo el mundo, y me fascinaba profundamente tanto el proceso como, sobre todo, la belleza luminosa de las cicatrices doradas.


No fue un camino sencillo. Empecé aprendiendo con tutoriales de YouTube, páginas web y libros, pero pronto me di cuenta de lo importante que es ver y sentir en persona la textura de la laca y de los demás materiales para comprender realmente el proceso. Todo depende del equilibrio: ni demasiado, ni demasiado poco.


White ceramic pot with visible cracks repaired using gold, in kintsugi style. A glass bowl and dish are in the wooden background.
Práctica en Fukuoka, Japón.

Como la laca es un material natural, la humedad y la temperatura influyen enormemente en su comportamiento. A veces el proceso de secado tardaba mucho más de lo esperado, probablemente porque había cometido algún error en la mezcla o porque la temperatura era demasiado baja. Otras veces, la laca adquiría una textura inesperada al secarse porque había aplicado una capa demasiado gruesa. A través de este proceso de ensayo y error, fui aprendiendo que el Kintsugi requiere no solo técnica, sino también paciencia, sensibilidad y una observación cuidadosa.


Después de mucho tiempo aprendiendo por mi cuenta, visité un taller de Kintsugi en Fukuoka llamado Yatsuka.  ( https://www.yacca.jp/ ) Se convirtió en un lugar donde por fin pude resolver todas las dudas que había acumulado durante mi aprendizaje, y los profesores compartieron generosamente su conocimiento y sus consejos sobre esta técnica tan compleja. (¡Agradezco muchísimo su ayuda!)


Compartiendo la experiencia del Kintsugi en Barcelona

Han pasado más de seis años desde que empecé a explorar el Kintsugi, y siento que el proceso de aprendizaje nunca termina del todo. Para mí, se ha convertido en una práctica que entrena no solo la técnica, sino también el control corporal, la paciencia y la concentración. A veces puede sentirse exigente —tanto física como mentalmente—, pero eso también forma parte de lo que hace que el proceso sea tan significativo.


Mientras tanto, también enseño Kintsugi en Barcelona. Es un verdadero placer compartir este arte profundamente japonés y conectar con personas en el corazón de Cataluña, un lugar tan lejos de su origen. Me llena de alegría ver las caras felices de los alumnos cuando salen del taller con sus propias piezas de Kintsugi.

Los participantes participan en un taller práctico de Kintsugi. ¡Hay muchísima concentración!
Los participantes participan en un taller práctico de Kintsugi. ¡Hay muchísima concentración!

Si te atrae la belleza de la imperfección, estás más que bienvenido/a a unirte al taller y descubrir el Kintsugi con tus propias manos!



Espero verte pronto :)

Misato



 
 
 

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A part of the sales of my pieces goes to a local animal shelter in Spain. Thank you for helping our furry friends!

© 2026 Misato Takahashi

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